El teatro como una herramienta subversiva de la época de postguerra
Dirección: Antonio Onetti Reparto principal: Cayetana Guillén Cuervo, Antonio Valero, Ricard Borrás, Verónika Moral, Jaume García, Sebastián Haro, Lara Grube, Jaime Menéndez. Teatro Villamarta: Sábado 29 de octubre de 2011. 20:30 horas.
La diferencia entre el teatro y el cine es la inmediatez. En primer lugar, es justo mencionar que quien espere de esta adaptación alguna relación con la serie televisiva está muy equivocado. Sobre todo porque la presentación del guión y de los personajes se hace desde que se levanta el telón, con o sin apoyo de efectos especiales, pero con actores haciéndonos ver su creación del personaje desde un principio. Es así, que la protagonista, encarnada por una profesional Cayetana Guillén deja clara su impronta con una imagen a semejanza del Hollywood de los cincuenta, con peluca rubia a lo Marylin y un humo de cigarrillo a lo Rita Hayworth. Y el resto del elenco de actores, con un nivel altísimo de seguridad escénica, con una más que conseguida creación de los personajes y una elevada gama de recursos de movimientos y de expresión corporal.
De eso se trata. Esa es la diferencia, la del hecho de tener a actores y actrices de carne y hueso haciéndonos ver una realidad, la realidad que se puede ofrecer en un escenario. La noche del sábado se dieron cita en el Villamarta muchas realidades, la de la trama del libreto centrada en los ensayos de una obra de teatro, la cruda realidad de los protagonistas con pasados oscuros en sus memorias, la de la realidad política de los años cincuenta regada de censura, doble moral y machismo y la realidad de los que, sentados en sus butacas, disfrutaron de la obra. El espectáculo del teatro rizando el rizo de la fantasía de unos cómicos queriendo cambiar el mundo en la España de la dictadura y una obra de teatro como guión paralelo a las vidas de los protagonistas.
La presentación de los personajes estuvo encaminada a dotar de credibilidad la puesta en escena. Todos ellos, entre bastidores y bambalinas, representando la farsa del teatro, con dos grandes paneles, que a modo de carras móviles, lograban una escenografía minimalista y clásica a la vez, de calles del Madrid de Chicote y de salones de cafés de la época. Un recurso escenográfico bastante socorrido que, en este caso, auna eficacia y teatralidad cinematográfica, aportando frescura a los cambios de situación, haciendo ver los entresijos de los decorados y asimismo, dejando ver la importancia del cartón piedra y los hierros en el teatro. No en vano, las múltiples salidas de utilleros a vista aportaban más credibilidad al espacio teatral que se quería trasladar, aunque los mutis dejaban traslucir con poca claridad las barreras emcionales y dramáticas de cada uno de los personajes al abandonar la escena. La iluminación, rica en recortes y cenitales, se dejaba arrastrar por las influencias cinematográficas, de manera que el espectador podía captar de manera sencilla, los cambios de tiempos, los cierres y las aperturas en negros al cambiar la escenografía y los conflictos internos de todos los personajes.
El uso de focos unidireccionales hacia determinados personajes ayudaron siempre a captar la atención visual y posteriormente fue función de cada actor o cada actriz conseguir trasladar al espectador los mensajes, tanto en varios flashbacks que se usaron para situaciones anteriores al desarrollo de la historia, como en varios recursos intencionados para hacernos deleitar con escenas paralelas a la principal.
Actores viendo su propia obra, de frente al público, como esperando cruces de miradas. Espectadores del Villamarta, como actores, figurantes o tramoyistas de un espacio que bien pudiera ser cualquier sala de teatro del Madrid de la época.
Siempre de una manera muy limpia, con un gusto exquisito y una verdadera vocación secuenciada para hacer entender al espectador el nudo de la trama sin interrupciones fatuas. Pero en contrapartida ese ambiente no era sino un alegato a la fuerza de la verdad, representada por el escritor de la obra, represaliado, y la lucha de quien se atreve a amar su obra, presentarse como autora y luchar por otra forma de entender el mundo.
La obra ofrece pinceladas de la época, las penurias políticas y personales de ambos bandos, las extrañas maniobras de la censura y las artimañas de los desalmados para acabar con el estatus social de los privilegiados, pero sobre todo ofrece pinceladas del mundo del teatro, desnudando camerinos, bambalinas y un escenario visto desde la visión del actor.
Recursos todos que acaban por envolver el ambiente y hacer creer en la magia del teatro. El teatro, como herramienta de transgresión en tiempos difíciles, no solo para luchar contra las ideas, sino también como forma de canalizar las fuerzas. Una metáfora del teatro con una dirección única.
Fuente: Diario de Jerez
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Fotografias cedidas por Marian Mateos Merchante


